John Dalton y el daltonismo: por qué falló su teoría del filtro azul
El 6 de septiembre de 2026 se cumplen 260 años del nacimiento de John Dalton. Al investigar su propia visión, este observador meticuloso propuso una explicación equivocada: un filtro azul dentro del ojo. Ponerla a prueba prolongó la investigación más allá de su vida, hasta llegar al análisis de ADN.

El apellido Dalton suele llevarnos directamente a los átomos. Hoy merece la pena detenerse ante algo más cotidiano: una flor rosa. Su aspecto planteó al científico una dificultad muy particular. ¿Cómo investigar una diferencia entre lo que uno ve y lo que ven los demás, si nadie puede intercambiar sus ojos con otra persona?
La flor que cambió a la luz de una vela
En su relato original sobre la visión de los colores, páginas 28–31, Dalton recuerda una observación del otoño de 1792. A la luz del día, una flor de geranio le parecía casi azul celeste. Bajo la luz de una vela, adquiría un aspecto que él describía como rojo. Supuso que sus conocidos advertirían la misma transformación. No fue así. Su hermano, en cambio, compartía su impresión.
El hallazgo empezó con una discrepancia. Dalton ya había dudado antes, pero sus dudas se dirigían inicialmente a los nombres de los colores. El rosa y el azul le parecían próximos; relacionar el rosa con el rojo tenía menos sentido para él. Una diferencia perceptiva podía permanecer oculta tras lo que parecía una discusión de vocabulario.
La flor permitió formular una pregunta más precisa. En lugar de decidir quién utilizaba bien una palabra, podía comparar un mismo objeto bajo distintas luces y preguntar a varios observadores. Objeto, iluminación y persona pasaban a ser partes diferenciadas del problema. No hacía falta conocer todavía el funcionamiento de la retina para dar ese paso.
Usar las mismas palabras no garantiza ver lo mismo
Dalton abre su escrito con una idea que sigue resultando incómoda: podemos conversar de manera comprensible sobre objetos que producen sensaciones distintas en cada persona. Aprender a llamar rojo a un objeto familiar no permite experimentar el rojo de alguien más. El lenguaje puede funcionar sin revelar esa distancia.
Sus observaciones botánicas hicieron más difícil ignorarla. Cuenta que preguntaba si determinadas flores eran azules o rosas y que algunas personas interpretaban la pregunta como una broma. Leído hoy, el pasaje también interpela a quien escucha. Una descripción inesperada puede ser una observación seria. Descartarla por distraída elimina una posible pista antes de examinarla.
Por eso importaba la coincidencia con su hermano. Ofrecía otro caso con el que comparar lo sucedido. No bastaba para identificar la causa física. Reconocer un patrón y explicar su mecanismo seguían siendo tareas diferentes, aunque una pudiera orientar la otra.
Presentado en 1794, impreso en 1798
La primera página del texto conservado registra su lectura ante la Manchester Literary and Philosophical Society el 31 de octubre de 1794. La publicación en el volumen de memorias llegó en 1798. Las dos fechas tienen cabida: corresponden a momentos distintos del trabajo. Convertirlas en una sola supuesta fecha del descubrimiento borra esa diferencia.
Dalton dividió la investigación en su propia visión, casos parecidos en otras personas y posibles causas. También estudió un espectro obtenido mediante un prisma de vidrio en una habitación oscura. Donde otros distinguían varias regiones cromáticas, él describía solo dos o, como mucho, tres grandes divisiones. Las nombraba amarillo, azul y púrpura.
Son descripciones históricas expresadas en su vocabulario. No constituyen una tabla universal que permita sustituir automáticamente un color por otro. El ejemplo de la flor ya muestra cuánto importa la iluminación. La información está en las distinciones que permanecen y en las que se confunden bajo condiciones concretas. Su relato tampoco describe un mundo exclusivamente en blanco y negro.
Una hipótesis intuitiva que podía fallar
En su escrito original, página 43, Dalton propuso que el humor vítreo, la sustancia transparente y gelatinosa del interior del ojo, tenía un tinte azul que filtraba la luz. Dispuso que sus ojos fueran examinados después de su muerte.
La idea resulta fácil de imaginar: mirar una escena a través de un vidrio coloreado modifica su apariencia. Pero la analogía no demuestra que ese vidrio, o su equivalente, exista. Si la explicación dependía de una coloración física dentro del ojo, examinarla podía poner la propuesta a prueba.
Ahí reside el interés de este episodio. No es simplemente la anécdota de un científico famoso que se equivocó. Su hipótesis indicaba qué debía buscar otra persona y dónde buscarlo. La comprobación no exigía acceder directamente a su experiencia privada del color. Había una observación capaz de contradecir la explicación.
Del examen de los ojos al ADN
El Science and Industry Museum sitúa su nacimiento el 6 de septiembre de 1766. Tras su muerte en 1844, Joseph Ransome examinó sus ojos: los líquidos eran transparentes. No apareció el filtro azul. Sin embargo, quedó material conservado para investigaciones posteriores.
Un estudio de ADN publicado en Science el 17 de febrero de 1995 identificó deuteranopía: faltaba el fotopigmento retiniano sensible a longitudes de onda medias. La explicación se encontraba en la detección de luz en la retina, no en un filtro azul.
Conviene respetar el orden de los resultados. La ausencia del filtro refutaba una explicación concreta; no proporcionaba automáticamente la respuesta posterior. Descartar una causa e identificar otra son logros distintos. Conservar las observaciones y el material permitió que una nueva técnica abordara una nueva pregunta.
Tampoco el resultado biológico reproduce para nosotros la experiencia de Dalton. Un análisis y una descripción escrita aportan pruebas de naturaleza diferente. Juntos permiten delimitar una explicación, pero no convierten una pantalla actual en una ventana literal a través de sus ojos.
La pregunta que podemos llevar a un juego
La historia sugiere una cuestión práctica para quien diseña un rompecabezas o interpreta un gráfico: ¿qué información queda si dos colores resultan difíciles de distinguir? Imaginemos dos gemas con poderes diferentes, idénticas en su forma y diferenciadas únicamente por el color. Darles siluetas distintas añadiría otra vía de reconocimiento.
La guía del W3C sobre el uso del color expresa el principio correspondiente para la accesibilidad: el color no debe ser el único medio visual para transmitir información. Formas, texto y otras señales visibles pueden comunicar también la diferencia.
Esta conexión es una lectura actual del episodio, no una atribución a Dalton de reglas modernas de diseño. Su relato recuerda por qué la experiencia de quien diseña no basta para demostrar que una señal funciona para todos. Una discrepancia puede revelar una característica del diseño que su creador no había advertido.
Celebrar la pregunta que sobrevivió
Nuestro artículo sobre Lavoisier y la balanza química recorre otro camino entre observación y explicación. En el aniversario de Dalton, el punto de partida cabe en una escena mucho más pequeña: una flor, dos iluminaciones y varias personas que no describen lo mismo.
Su teoría del filtro azul no superó la prueba. Sus observaciones conservaron su valor. A los 260 años de su nacimiento, esa es una buena razón para recordarlo: una pregunta bien documentada puede seguir siendo fértil cuando su primera respuesta ya ha sido descartada y quien la planteó no puede proponer otra.
