Guillermo del Toro: por qué sentimos empatía por sus monstruos

Guillermo del Toro cumple 62 años el 9 de octubre de 2026. Sus criaturas merecen otra mirada: la textura, los gestos y el poder desigual vuelven vulnerable un cuerpo extraño sin quitarle su singularidad.

Arte de píxeles de unas manos reparando una marioneta monstruosa en un dormitorio retro con televisor de tubo, cuaderno y lámpara cálida.

Una criatura puede llenar la pantalla antes de convertirse en un personaje. Vemos garras, un rostro extraño o movimientos poco familiares, pero todavía no sabemos qué desea. El cine de Guillermo del Toro resulta especialmente sugerente cuando retrasa ese primer juicio. En su cumpleaños, seguimos una pregunta a través de tres películas: ¿cómo llega un cuerpo extraño a sentirse como alguien? Este análisis comenta sus planteamientos y temas sin desvelar los desenlaces.

Un cumpleaños y una pregunta mejor que una clasificación

El Sistema de Información Cultural de México registra su nacimiento en Guadalajara el 9 de octubre de 1964. Hoy, 9 de octubre de 2026, cumple 62 años.

La fecha también figura en el Calendario nerd. En lugar de ordenar su carrera por preferencias, proponemos mirar un problema artístico recurrente: cómo despertar interés por un ser distinto sin borrar aquello que lo hace extraño. Nuestra lectura relaciona tres elementos: un cuerpo cuya materia podemos imaginar, un gesto comprensible y una relación que da consecuencias a ese gesto.

El diseño empieza antes del primer movimiento

La exposición At Home with Monsters, del LACMA, reunió dibujos, maquetas y arte cinematográfico. Esos objetos hacían visibles distintas etapas materiales de la imaginación de del Toro.

Cada etapa plantea un problema diferente. Un dibujo permite fijar una silueta; una maqueta debe ocupar espacio; un cuerpo interpretado o animado tiene que girar, desplazar su peso y responder a otra presencia. Ninguna operación produce emoción por sí sola. Sin embargo, todas pueden dar precisión a un diseño. Un monstruo genérico anuncia una categoría; una criatura concreta tiene proporciones, limitaciones y costumbres.

Pensemos en lo que sugiere una superficie antes de que alguien hable. La aspereza puede evocar edad o desgaste. Una articulación frágil señala un lugar vulnerable. Una mano pesada convierte una caricia cuidadosa en un esfuerzo perceptible. Son posibilidades de lectura, no un diccionario cerrado de las intenciones del director. Sirven para mirar el cuerpo como algo habitado, cuya forma condiciona lo que puede hacer.

El laberinto del fauno: la apariencia no resuelve la confianza

En la película de 2006, Ofelia conoce a un fauno mientras vive bajo la autoridad de un padrastro violento. La entrevista del BFI con del Toro sitúa ese cruce entre cuento fantástico y España fascista.

No se desprende de ahí que todos los monstruos sean buenos y todos los humanos, crueles. Esa regla sustituiría un prejuicio visual por otro. El mundo fantástico conserva su inquietud. Nuestra interpretación es que la película nos invita a seguir evaluando exigencias y actos después de la primera impresión.

Conviene observar cómo la autoridad transforma cada encuentro. ¿Quién da la orden? ¿Quién asume el riesgo? ¿Puede la persona más débil cuestionar lo que viene después? Estas preguntas desplazan el juicio desde los cuernos, la ropa o el rango hacia la conducta. Un rostro reconocible no garantiza seguridad, del mismo modo que un cuerpo extraordinario no responde por nosotros a todas las dudas morales.

La forma del agua: otra manera de prestar atención

La sinopsis oficial de Searchlight sitúa a Elisa en un laboratorio secreto del gobierno estadounidense hacia 1962. El lugar establece una clara desigualdad de poder.

Un laboratorio puede tratar a un ser vivo como un objeto que debe clasificarse. Una relación pide otra atención: esperar una respuesta, reconocer preferencias y permitir que una acción signifique algo más que información aprovechable. Ahí encontramos el cambio fundamental de perspectiva. La criatura no necesita adquirir un aspecto corriente para que el intercambio importe.

Por eso, un gesto pequeño puede pesar más que una revelación espectacular. La pregunta deja de ser únicamente qué puede hacer ese cuerpo y pasa a ser qué harán los demás en su presencia. El cuidado necesita duración. Si una escena concede tiempo al encuentro, la curiosidad puede convertirse en reconocimiento sin eliminar toda incomodidad.

Pinocho: un cuerpo construido también expresa una vida interior

El MoMA documentó en Crafting Pinocchio (PDF) la fabricación de marionetas, los decorados y las pruebas de movimiento del largometraje de 2022. También destacó el trabajo de un equipo internacional.

Pinocho no es un monstruo en el mismo sentido que una criatura amenazante. Interesa aquí porque su cuerpo, visiblemente construido, hace inevitable preguntarse qué convierte a alguien en persona. Sabemos que unas manos fabricaron el objeto y, aun así, podemos percibir a un personaje que decide por sí mismo.

Hay una diferencia entre movimiento e intención. Levantar un brazo modifica una postura; vacilar antes de hacerlo puede transmitir incertidumbre. Volverse hacia alguien puede significar escuchar, pedir o resistirse, según el ritmo y el contexto. Desde esta lectura, el cuerpo se vuelve emocionalmente comprensible mediante decisiones, sin tener que parecerse al máximo a un niño real.

Lo artesanal es un recurso, no una garantía

Sería fácil convertir estas observaciones en una competición entre efectos prácticos e imágenes digitales. Pero un objeto tangible puede estar dramáticamente vacío, y una figura digital puede resultar conmovedora. La materia abre posibilidades; el encuadre, la interpretación, el montaje y el sonido determinan qué percibimos. Un primer plano puede rescatar una reacción que se perdería en una imagen más amplia.

Lo mismo ocurre con la autoría. El nombre del director permite encontrar conexiones entre películas, pero las criaturas también dependen de quienes diseñan, construyen, interpretan y animan. Atender al trabajo artesanal debería ampliar el reconocimiento. La aparente sencillez de una mirada o de un gesto puede descansar en numerosas decisiones coordinadas, muchas de ellas invisibles durante la proyección.

Tres pistas para la próxima revisión

  • Separa diseño y conducta. ¿Qué te hace suponer la primera imagen y qué acción posterior cambia esa impresión?
  • Busca una limitación. ¿Qué movimiento, textura o vacilación vuelve vulnerable al cuerpo?
  • Sigue el control del encuentro. ¿Quién se acerca, quién espera y quién tiene permiso para negarse?

El artículo de NerdSpot sobre la competencia y el valor de Ripley plantea una cuestión cercana: cómo se gana un personaje nuestra confianza. Son figuras distintas, pero el hábito de observación sirve en ambos casos. Antes de aceptar una etiqueta, conviene mirar lo que la película muestra que alguien hace.

Cuando la criatura se convierte en alguien

En el cumpleaños número 62 de del Toro, sus monstruos ofrecen algo más que un catálogo de formas memorables. Nos invitan a revisar la velocidad con la que juzgamos. La textura vuelve imaginable un cuerpo; el gesto expresa intención; la relación le da consecuencias. La empatía empieza cuando permanecemos ante lo extraño el tiempo suficiente para reconocer una decisión.


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