Frankenstein de 1818 o 1831: ¿qué versión deberías leer?
Mary Shelley nació el 30 de agosto de 1797. Su aniversario es la ocasión perfecta para descubrir un giro literario oculto a plena vista: el Frankenstein que conoces quizá no sea el que publicó primero.

El Calendario nerd señala el 30 de agosto tanto como cumpleaños de Mary Shelley como Frankenstein Day. Esa doble entrada le sienta bien a una novela con dos vidas. Shelley publicó la historia de forma anónima en 1818 y volvió a ella para preparar una edición profundamente revisada en 1831. Las dos son auténticamente suyas, pero no son intercambiables.
Las diferencias van mucho más allá de la ortografía y la puntuación. Cambian los antecedentes familiares, se replantea el camino de Victor hacia la ciencia y se desplaza el equilibrio entre decisión y destino. Incluso el famoso relato sobre el origen del libro llegó en una introducción escrita trece años después de la primera edición.
Un título, varios Frankensteins conservados
La primera edición de Frankenstein; or, The Modern Prometheus apareció el 1 de enero de 1818, en tres volúmenes y sin el nombre de Mary Shelley en la portada. La historia de la composición del Shelley-Godwin Archive registra una tirada de 500 ejemplares y sigue el rastro de la novela a través de cuadernos de borrador y copias en limpio. La colección digital de la Biblioteca del Congreso permite hojear un ejemplar completo de 1818.
En 1823 apareció una segunda edición preparada por William Godwin, padre de Mary. Fue la primera en identificar a «Mary Wollstonecraft Shelley» como autora. El momento era decisivo: una adaptación teatral de éxito había dado visibilidad a la historia, y el público empezaba a distinguir a la creadora de la portada de la criatura representada en el escenario.
En 1831, Shelley realizó una revisión mucho más amplia para una colección de novelas en un solo volumen. Reordenó capítulos, alteró biografías, reescribió pasajes y añadió una introducción sobre el desafío de contar historias de fantasmas cerca del lago Lemán. Durante generaciones, ese texto tardío fue el Frankenstein más accesible en aulas y ediciones populares. Muchos lectores ni siquiera supieron que tenían una elección.
¿Escribió Percy Shelley Frankenstein?
La portada anónima y un prefacio firmado con las iniciales de Percy Bysshe Shelley alimentaron una sospecha persistente: tal vez el marido de Mary fuera el verdadero autor. Los manuscritos conservados hacen insostenible esa idea. La letra de Mary domina ampliamente el borrador, aunque las páginas también conservan adiciones, tachaduras y sugerencias editoriales de Percy.
La cronología de Mary Shelley de la Universidad de Oxford resume la evidencia así: Percy aportó unas 4.000 palabras a un texto de aproximadamente 72.000, alrededor de un seis por ciento. Algunas intervenciones son sustanciales; muchas pulen el vocabulario, la gramática o la sintaxis. La colaboración fue importante, pero editar no equivale a una autoría secreta.
El manuscrito digital ofrece algo más interesante que el mito del genio aislado. En el Shelley-Godwin Archive es posible aislar la letra de cada participante y observar cómo el libro se negoció sobre el papel. Mary sigue siendo la autora; Percy aparece como un lector temprano y cercano. La evidencia permite reconocer a ambos sin borrar a ninguno.
La edición de 1831 es una reconstrucción, no una limpieza
En su introducción de 1831, Shelley afirmó que no había cambiado ninguna parte de la historia y que se había limitado a corregir el lenguaje o añadir material donde la continuidad lo exigía. La crítica textual moderna recibe esa afirmación con cautela. El Frankenstein Variorum compara digitalmente el manuscrito, la edición de 1818, el ejemplar Thomas, la edición de 1823 y la de 1831. Las revisiones son tan extensas que muchos docentes y estudiantes consideran 1818 y 1831 dos novelas distintas.
La trama general se mantiene: las cartas árticas de Walton enmarcan la confesión de Victor Frankenstein; la criatura abandonada cuenta su propia historia; creador y creación se persiguen hasta la destrucción. Sin embargo, un resumen no revela cómo un narrador reparte las causas. El Victor de 1831 recuerda su vida con mayor sensación de que ciertas fuerzas habían preparado su ruina. En el texto juvenil de 1818, sus decisiones intelectuales quedan más inmediatas y expuestas.
Eso no convierte una edición en una defensa del libre albedrío ni elimina ese concepto de la otra. «Más determinista» es una interpretación, no una medida de laboratorio. Resulta útil porque la revisión cambia la presión que rodea las decisiones de Victor. En 1818, la ambición parece repetidamente una conducta que podría haber cuestionado. En 1831, la mirada retrospectiva presenta con más fuerza el camino como una trampa que ya lo esperaba.
Elizabeth cambia, y con ella cambia la familia
Una de las diferencias más claras aparece antes de que la criatura cobre vida. En 1818, Elizabeth Lavenza es prima de Victor, hija de la hermana de Alphonse Frankenstein. Se cría en la casa y después se casa con él. En 1831 deja de ser pariente consanguínea: es hija de un noble milanés y una madre alemana, vive con una familia de acogida pobre y acaba siendo adoptada por los Frankenstein.
El cambio elimina un matrimonio entre primos, pero no se limita a modernizar la familia. La nueva historia presenta a Elizabeth como una llegada preciosa elegida para Victor. Así se intensifica la incómoda impresión de que los adultos le asignaron desde temprano un papel en la vida de él. Shelley también amplía el contraste entre el amor de Elizabeth por la belleza visible del mundo y el deseo de Victor de penetrar sus leyes ocultas.
Un ajuste biográfico aparentemente pequeño altera, por tanto, la geometría moral de la novela. ¿Quién pertenece a una familia por nacimiento, adopción o expectativa? ¿Quién es tratado como persona y quién como regalo? Estas preguntas reflejan la queja central de la criatura: Victor da vida a un ser dependiente y después rechaza todas las relaciones que esa creación implica.
La famosa historia de creación pertenece a 1831
Muchos lectores conocen el relato de Shelley sobre un «sueño despierto» antes de llegar a la primera carta de Walton. La imagen del pálido estudiante arrodillado junto al ser que había ensamblado procede de la introducción de 1831. Mary Shelley recordaba el verano de 1816 desde una distancia de quince años, después de que el duelo, la viudez y una larga vida editorial hubieran cambiado a la persona que recordaba.
El testimonio es indispensable, pero no es una cámara neutral de la noche de inspiración. Como la novela revisada, constituye un acto de autoría posterior. Condensa conversaciones, lecturas, borradores y correcciones en una escena compacta de nacimiento imaginativo. La guía de la Facultad de Inglés de Oxford combina esa historia editorial con acceso directo al manuscrito de 1816–1817, de modo que el lector puede volver de la leyenda a la página material.
Esta es la sorpresa productiva de comparar ediciones: revisar no contamina una inspiración original. La revisión es el proceso mediante el cual la novela siguió significando algo para su autora. El prefacio tardío ofrece una poderosa historia sobre cómo se crea una historia; los cuadernos muestran el trabajo más lento que la anécdota elegante comprime.
¿Qué edición conviene elegir para una primera lectura?
Elige la edición de 1818 si buscas la forma publicada más temprana, su energía juvenil más cortante y la versión más próxima al proceso de composición conservado. Su arquitectura en tres volúmenes ayuda a percibir las voces anidadas y los argumentos sociales. También es el mejor punto de partida para preguntar qué presentó Mary Shelley, con veinte años, a sus primeros lectores.
Elige la edición de 1831 si quieres la versión que Shelley decidió presentar en su madurez, la influyente introducción y el texto que marcó buena parte de la lectura escolar y popular. Sus revisiones pueden parecer más fluidas y psicológicamente explicativas. Además, permiten estudiar cómo una autora reinterpreta su obra después de trece años turbulentos.
La mejor respuesta, si hay tiempo, no consiste en coronar una versión definitiva. Lee 1818 de principio a fin y compara después en el Variorum la introducción de 1831, la infancia de Victor y el origen de Elizabeth. Esas diferencias concentradas revelan más que alternar cada coma. Empiezas a oír a dos Mary Shelley conversando a través del tiempo.
El monstruo de la pantalla es una tercera versión
Esa distancia no es necesariamente una traición; adaptar siempre exige escoger. El artículo de NerdSpot sobre cómo las ideas visuales góticas sobreviven al CRT y al VHS plantea una cuestión relacionada: una silueta fuerte viaja incluso cuando desaparecen los detalles. La novela de Shelley viajó tanto que su apellido, el científico y la criatura acabaron entrelazados en la memoria popular.
El veredicto de cumpleaños
En el 229.º aniversario de Mary Shelley, lee 1818 para el primer encuentro y 1831 para el regreso de la autora. Si solo puedes escoger una, empieza por 1818: no porque sea más pura, sino porque permite escuchar a la joven novelista anónima antes de que décadas de adaptación y explicaciones retrospectivas se acumulen a su alrededor.
Después, mantén cerca el libro tardío. Frankenstein trata sobre las responsabilidades que siguen a la creación, y su historia editorial añade otra: el lector debe saber qué creación ha escogido. Las dos versiones no debilitan la autoría de Mary Shelley. Juntas la hacen visible como un acto en evolución.
Fuentes
- Shelley-Godwin Archive: manuscritos e historia de la composición de Frankenstein
- History of Science Museum, Universidad de Oxford: cronología de Mary Shelley
- Frankenstein Variorum: manuscrito y ediciones publicadas en vida
- Biblioteca del Congreso: primera edición digitalizada de 1818
- Facultad de Inglés de Oxford: guía de lectura de Frankenstein
