Día de «Todo es una mierda»
No solo los pesimistas apasionados celebran esta noticia: sí, existe el Día de «Todo es una mierda». El 15 de abril está permitido e incluso recomendado pensar que todo, absolutamente todo, apesta. Ya sea el trabajo, el tiempo o la comida de la cafetería, en todas partes parece haber algo —o mucho— que mejorar.
Otra buena noticia: no se trata de buscar soluciones. En un primer momento, pensamos que todo apesta y nos permitimos sentirlo. Reconfortante, ¿verdad? Quejarse sin tener que aportar un remedio.
¿Qué puede parecernos horrible?
¿Todo tiene dos caras? ¿Incluso un día lluvioso encierra aspectos positivos? No siempre. A veces desahogarse, sentirse incómodo con la situación y expresarlo hace bien al ánimo.
La vida no es un camino de rosas. Por eso sería un error convencerse de que algo merece la pena cuando quizá no sea así. Ser honesto con uno mismo permite aprovechar una vieja sabiduría: después de la tormenta, el aire queda limpio.
Eso sí: ciertas opiniones, por ejemplo sobre el jefe, quizá convenga guardarlas dentro. De lo contrario, el Día de «Todo es una mierda» puede tener consecuencias mucho mayores de las previstas.
Por qué un mundo perfecto sería aburrido
Tampoco hay que comportarse como un elefante en una cacharrería. Al día siguiente, 16 de abril, todavía queremos mirar a nuestros semejantes a los ojos.
La jornada demuestra que el perfeccionismo puede resultar deseable durante un tiempo, pero a largo plazo también se vuelve aburrido.
¿Quién quiere vivir en un mundo en el que nada pueda irritarnos? ¿Qué sería de nosotros si no quedara nada de lo que quejarnos?
Atascos, vecinos ruidosos, horas extra y pizza quemada son un fastidio, pero evitan que nos acomodemos demasiado y hacen que cada día sea distinto. Si todo fuera perfecto, quizá dejaríamos de apreciar las pequeñas maravillas cotidianas. Precisamente por eso merece la pena disfrutar del Día de «Todo es una mierda» en todas sus facetas.
